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Man of Steel

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Man of Steel llega a las carteleras colombianas y al igual que en el resto del mundo ya empezó a arrasar en taquilla. Las salas están llenas, las puntos de venta de boletería a reventar y la disponibilidad en reservas es absurdamente baja. Seguramente va a ser un éxito, sino el éxito de esta temporada.

¿Pero es tan buena como aparentaba ser? Es difícil lograr una respuesta corta sin pensar en el si, no, depende. Man of Steel no puede ser analizada como un fenómeno aislado, sin relación en el contexto económico en el que se está desarrollando. Por eso los factores deben medir cada una de sus variables y al final por promedio revisar de nuevo la pregunta.

A nivel de expectativas prometidas y colmadas, Man of Steel está logrando lo que el verano pasado alcanzó The Avengers; la fórmula de Whedon fue repetida este año por Shane Black que lanzó el primer golpe al inicio de la temporada con Iron Man 3 y logró posicionarse por un buen tiempo como la primera del 2013; su reinado tiembla con el avasallador paso de Superman que, no sólo abre con una cifra significativa sino que pasado el primer fin de semana, los números la catalogan en la historia como la más grande en taquillas de junio. Esto quiere decir que en el voz a voz, la cosa está funcionando y el público está saliendo muy satisfecho de la cinta.

A nivel de pelis basadas en comics, hay un grande detrás de Man of Steel que despierta todas nuestras grandes emociones en la pieza -y no es precisamente Christopher Nolan-. Desde que el equipo del Dark Knight se aseguró un puesto en la producción de Superman, todos los cinéfilos nos emocionamos al encontrar la promesa de una nueva cinta con el desarrollo de la historia de David S. Goyer y Christopher Nolan; tal vez nos pareció una decisión muy acertada de Warner Brothers, para asegurar la calidad de Batman, poner al frente a Nolan y su esposa Emma como el equipo de técnico responsable de solucionar reparto, música, cinematografía, edición e historia. De esa forma, llegó una mezcla heterogénea de recomendados de Warner así como otros por parte del matrimonio Nolan-Thomas; pero el grande en esta pieza es definitivamente Zack Snyder como su director. Snyder ha venido armando un portafolio consistentemente de adaptaciones del comic que lo catalogan como uno de los mejores -sino el mejor- entre una gran lista de artistas encabezada por Matthew Vaughn (Kick-Ass, X-Men: First Class), el mismo Nolan (The Dark Knight), Robert Rodriguez (Sin City), Bryan Singer (X-Men, X-Men II) y Sam Raimi (Spider-Man). El miedo de los fanáticos con Snyder era que había desarrollado una forma de contar sus historias abusando del recurso del tiempo-de-bala que hubiera sido desastroso en Man of Steel; pero no sólo no aparecieron las lentísimas cámaras sino que enfrentado a su más cercano pariente, como lo es Batman, Superman llega a nuestras pantallas con una agradable frescura. Se siente nuevo, humanizado y concatenado perfectamente en el universo de Nolan y su Dark Knight, que fue realmente lo más esperado en la pieza.

Zack Snyder acaba siendo el director en una apuesta muy arriesgada, conciliada entre el estudio y Syncopy, gracias en primer plano a que Nolan no quería dirigir más comics y que el golpe ofrecido por Marvel con Joss Whedon en The Avengers causo demasiada mella. Para Warner no fue suficiente transformar las pelis basadas en comics, lograr la mejor trilogía en este campo y además volver ícono una de las figuras más importantes de DC y de los comics en general. Warner quería más, quería dominar taquillas y crear una franquicia sin límites de producción; crear un universo como el de Marvel y tener a su disposición toda una gama de historias increíbles cada una como un hito de producción versus las retribuciones de taquilla. Entre el éxito de Marvel y el río revuelto de sus derechos de explotación repartidos en tres estudios más, la respuesta era desarrollar la historia de Superman y buscar reunir una Liga de la Justicia a corto plazo. La dirección no podía ser una opción audaz, no podía ser tampoco una opción interesante, el director debía ser sólido, creativo e interesado a un plan a largo plazo. No había respuestas obvias y, sin embargo, Snyder resaltaba como la más sobresaliente.

Snyder recibió perfectamente las indicaciones de Nolan como entrenador. En el último punto a analizar de Man of Steel, a nivel del universo de DC Comics, Snyder logró contarnos una historia de un niño adoptado, dividido entre sus diferencias y los valores aprendidos, en vez de la obvia historia de Kal-El como alienígena en La Tierra. Clark Kent (Henry Cavill) es un individuo en crisis, en búsqueda de su identidad, criado en un hogar lleno de amor y con la calidad de servicio presente en cada una de sus acciones; su vida en este sentido se enfrenta a golpes durísimos de confianza en el cual está involucrado su padre, Jonathan Kent (Kevin Costner). Por otro lado, es un fenómeno adaptándose a la sociedad que constantemente lo segrega; sus aparentes migrañas y su comportamiento lo apartan del estándar y lo vuelven blanco de burlas y rumores. Un evento desencadena su ira, su frustración y su desolación para terminar deambulando por el mundo tratando de olvidar su naturaleza. La narración de toda esta etapa es sencillamente magnífica, uno de los pilares de la pieza, sin duda.

Snyder además desarrolló la pre-historia que no teníamos de Krypton, desenfundó varias raíces, creo contexto y le dio fuerza al General Zod como un personaje voluntarioso, estricto, recto y radical. Zod en esta ocasión es representado por el gran Michael Shannon, que gracias a este desenvolvimiento y en contraste con la interpretación de Terence Stamp (Superman II; 1980), no es un ser maligno, no es déspota per sé, por el contrario, se revela como un ser vigilante de su raza y preocupado de su eminente extinción. Aunque el fondo de Krypton parece ser un requerimiento de Snyder, tomar los antagónicos y demostrar sus vulnerabilidades o sus dobles intenciones, en aras de aceptarlos como seres en conflicto, ni buenos ni malos, es una característica primordial de Nolan y Goyer, y que en esta historia agradecemos porque Zod es un personaje increíble.

Shannon no es el único destacado. El juego de relaciones entre los padres de Superman y Superman es soberbio gracias a Russell Crowe, Kevin Costner y Henry Cavill. Los tres conjugan un dinamismo importante y creíble para nuestros ojos gracias a las capacidades de sus actores, sobre todo de Costner que es el pilar dramático de la historia. Pueden afirmar que Cavill no es un gran actor por lo insípido de algunas partes de su desempeño mas es porque en parte está encarnando a un súper-héroe pero uno no siente una payasada o una ridiculez armada alrededor de él; además en los duros momentos emocionales sufrimos con su mirada, sus gritos y su tono -si un actor tiene tono y variaciones de él en sus líneas durante una peli, no es cualquier fulano insignificante, es un actor con fundamentos- . Al lado de estos cuatro actores, Amy Adams, Diane Lane, Laurence Fishburne completan la cosmogonía del Hombre de Acero y ¡vaya si lo hacen bien! . De esta forma, Snyder demuestra sus capacidades como director de actores que como hemos visto en el blog, en varias ocasiones, un actor no encuentra el balance de sus capacidades -sin importar si es novato o un monstruo- porque la dirección de sus líneas no fue completa o dicho de otra forma fue huérfana de rumbo.

Cerrando un poco la entrada, de lo único que se puede renegar de Snyder es que si por un lado abandonó las cámaras en tiempo-de-bala (para bien) y las reemplazó con temblorosos encuadres, por el otro lado exageró con las colisiones, explosiones y destellos. Hans Zimmer es un gran artista, es un excelente compositor y tiene un refinado oído para determinar perfiles con sus fragmentos, algunas veces melodiosos, otras veces estridentes pero siempre característicos de los personajes. El exceso de bombazos y estallidos opacó por completo a Zimmer. Muchas personas alaban el trabajo del maestro en Man of Steel, para mi pasó sin pena ni gloria; sentí los momentos de acompañamiento de la música pero sencillamente me perdí todo el trabajo de Zimmer y es una lástima.

Se vienen las decisiones duras para Warner y ojalá que la premura de ellas o el éxtasis del buen ejercicio con Superman no los enceguezcan. Snyder afirmó que si lo requerían para realizar una Liga de la Justicia primero se debía madurar un poco más el personaje de Superman; eso quiere decir que habrá una segunda parte de Man of Steel -improbable una tercera pero nunca se sabe- para después continuar con la congregación más esperada desde el anuncio del fin de la Trilogía del Caballero de la Noche. En la cinta hay que estar atentos a las referencias de Lex Luthor y Bruce Wayne que tácitamente aparecen en la historia por medio de sus corporaciones (LexCorp y Wayne Industries respectivamente). La sensación de sentirlos cerca es emocionante, sin embargo, las impertinencias del estudio puede hacerlos tropezar fuertemente. Warner quiere Liga de la Justicia para el 2015, un lapso prudente para una buena producción pero Snyder quiere una segunda parte lo cual no alteraría los planes de Warner si el realizador saca su pieza el próximo año -¿no es esto demasiado prematuro?- para después encargase de La Liga en un periodo demasiado corto. La única posible respuesta para una agenda tan apretada es que Snyder haga una «Peter-Jackson»; que previendo las decisiones de Warner haya grabado las dos partes de una vez, se dedique a posproducción el próximo año de la secuela y a preproducción y filmación de La Liga de la Justicia en los dos años siguientes.

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Oz the Great and Powerful

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Oz the Great and Powerful es un thriller épico de fantasia del maravilloso y también genial Sam Raimi. A pesar de que el realizador afirma que su cinta está basada en el trabajo previo del autor L. Frank Baum -que escribió acerca de Oz más de dieciséis libros-, su sentido de precuela de The Wizard of Oz, de Victor Fleming en 1939, indudablemente nos hace pensar que basó también su trabajo en él.

Ambas comparten un sentido de desgano al principio de la historia (The Wizard of Oz con un sepia y Oz the Great and Powerful con un blanco y negro en formato 4:3 típico de las cintas de 16mm) y ambas pasan a un momento de fascinación al llegar a Oz (de nuevo, The Wizard of Oz con el sonido y el color traídos a colación en 1926 y 1930’s, respectivamente, mientras Oz the Great and Powerful da paso al color, el RealD e incluso el formato IMAX). Este momento es increíble en la función. -Aunque me hubiera gustado mucho verlo en formato IMAX debo decir que es una verdadera lástima que el teatro en Colombia sólo le crea a las funciones dobladas al español; podré haberla vista en una megasala de menores proporciones y en una experiencia reducida pero el respeto a la versión original simplemente me dominó-. Oz the Great and Powerful tiene además al principio un delicado juego de planos animados que pagan la boleta en la presentación de la producción y un juego con el límite del formato donde algunos elementos, como llamas y nieve, se salen aportando una figura menos rígida y más lúdica que un simple marco infranqueable. En serio, muy muy bonito.

Raimi es un osado. Claramente su historia es un relato para niños, lleno de trucos y fantasía. Aunque uno no siente en ningún momento desfallecer el ritmo de la historia, que de por sí ya es un logro, la gran apuesta del director fue dominar la atención de un niño por más de dos horas seguidas -en mi caso funcionó y he escuchado otros tantos donde los niños estaban maravillados y no se distrajeron-. Punto para el director. Además del ritmo y la duración, Raimi es fiel a su narrativa y a sus raíces en el terror y el suspenso. En algunas partes, sentimos descripciones y relatos muy parecidos a lo experimentado en su trilogía de Spider-Man, así como, en varios momentos fuimos dominados por la tensión, la conmoción y porqué no, el pánico. ¡Esos malditos babuinos voladores daban escalofríos!

Oz the Great and Powerful narra la historia de Oscar Zoroaster Phadrig Isaac Norman Henkel Emmannuel Ambroise Diggs, un mago ilusionista y prestidigitador de un circo de poca monta en Kansas. Oscar es un embaucador, un mujeriego y aprovecha sus trucos para cautivar a sus mujeres pero una de sus artimañas no sale como quería y se vuelve el blanco del Hombre más Fuerte del Mundo. Oscar huye. Se monta en un globo y emprende viaje hacia un nuevo destino sin darse cuenta que se daría de bruces con él, al enfrentarse a un poderoso tornado, que lo abraza, lo aflige, lo condena. Oscar finalmente despierta en un lugar maravilloso -los planos guardadas proporciones son iguales a los de The Wizard of Oz– lleno de flores gigantescas y coloridas. Una dulce mujer, Theodora, lo saluda, se presenta como la benévola bruja que reina Ciudad Esmeralda y le da la bienvenida a Oz. Oscar fascinado por la tierra en la que se encuentra se deja llevar por las adulaciones de Theodora que lo describe como un protector mesiánico, mientras ella se enamora perdidamente de él. Al llegar a Ciudad Esmeralda, el conflicto se hace evidente entre Theodora, su hermana y consejera Evanora y, la también hermana, Glinda. Oscar entiende que su aventura tiene precio y que deberá tomar partida en este fuego cruzado.

La producción es exquisita. El sentido dado en esta historia da mejor resultado que la acartonada e iconoclasta visión de Tim Burton en Alice in Wonderland (es resultado de los mismos productores). Las constantes referencias a las versiones de la historia, hacen de Oz the Great and Powerful una historia cohesiva y naturalmente refrescante. James Franco no es mi actor favorito, a veces se siente forzado, que va a estallar en carcajadas y que no entiende su papel; es perfecto para comedias físicas pero no tanto para otro tipo de retos histriónicos. Sin embargo como El Hechicero de Oz lo hace bastante bien. Su falta de seriedad lo hace sentir incrédulo, su falta de histrionismo lo hace ver vulnerable y su falta de destreza lo hace torpe pero en el momento en que todo se conjuga, su papel se ve claramente beneficiado -lo cual me deja mucho que pensar, Franco es muy mal actor y logra sobrevivir en Hollywood o es un genio y a veces sabe muy bien lo que hace o hay unos papeles que sencillamente están escritos para él-. Al lado de Franco, un gran reparto, fresco y sin claras preferencias por el realizador. Primero, una tripleta de hermosas mujeres con Mila Kunis como Theodora, Rachel Weisz como Evanora y Michelle Williams como Glinda, destacándose la belleza y destreza de Weisz que estuvo impecable en su papel de antagónica; y segundo, dos personajes de refuerzo muy divertidos que acompañan a Oz incondicionalmente en su aventura interpretados por Joey King y Zach Braff, marcando su regreso a las pantallas.

La peli es encantadora y conmovedora. Es una gran parada para lo que sencillamente se va volver una nueva franquicia en Hollywood pero en manos de Raimi podemos por lo menos descansar y sentarnos a disfrutarla en todo su esplendor. Lo mejor es que el director demuestra que es un talentoso realizador, que su salida de la trilogía de Spider-Man fue abrupta y que seguramente el gran tropezón que se le achaca en Spider-Man 3 fue resultado de una infortunada intromisión por parte de Sony como estudio y dueño de los derechos.

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The Hobbit: An Unexpected Journey

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La introducción a la nueva trilogía de Peter Jackson, The Hobbit: An Unexpected Journey, no es más que un desatino como franquicia que el director neozelandés defiende con fervor apasionado -y cuando se confunde pasión con cariño u objetividad los resultados no son los mejores-. Debo aclarar primero que nunca me he leído un libro de Tolkien y que mi reseña sobre The Hobbit es más como espectador de cine que como fanático de los cuentos de la Tierra Media.

La gran expectativa de esta cinta era el nuevo formato HFR que básicamente introduce veinticuatro cuadros más por segundo. Ya había ensayado las grandes salas digitales y pues mi sensación es que de lejos es muchísimo mejor la experiencia en el IMAX que en cualquiera de ellas pero había dos disyuntivas que debía solucionar antes. La proyección del IMAX en Colombia es directamente desde el celuloide -es decir, no podría experimentar el HFR digital en este gran teatro- además por una resolución, que aún no entiendo, la peli se está proyectando solamente en una versión doblada al español. Por mucho que me guste el formato IMAX, mi respeto hacia el idioma original es mucho mayor y decidí probar el formato digital HFR de 48fps en una pantalla de gran formato.

Por momentos, el HFR nos provoca mareos y dolor de cabeza. Es necesario que nos vayamos acostumbrando con muchas más piezas antes de impugnarlo completamente -pues directores como Bryan Singer están dispuestos a seguir experimentando con él, incluso Singer afirma que su X-Men: Days of Future Past quisiera rodarla enteramente en ese formato-. Hay algunos «travelings», sin embargo, se sienten más osados y audaces porque se elimina completamente la borrosidad natural del movimiento que sumado al 3D nos envuelve de alguna forma más en la escena. Es difícil describirlo, nuestros ojos apenas se están adaptando pero parece que aún tiene mucho potencial.

En recientes entrevistas a Jackson, había una primera intención del realizador de pasarle completamente la batuta a Guillermo del Toro. Jackson afirmaba que este acto inmediatamente iba a refrescar el proyecto y poderlo relanzar como otra gran franquicia. Aunque la mano de Del Toro se nota en la pieza, hubiéramos querido que todo su ingenio se hubiera involucrado al cien por ciento. Seguramente la claridad del mexicano no hubiera permitido extender esta historia innecesariamente. Una razón sencilla es que si The Lord of The Rings son tres libros y permitieron tres regularmente buenas piezas, ¿por qué The Hobbit que es un sólo libro requeriría una ampliación de este tipo? Esta decisión hace que de facto The Hobbit: An Unexpected Journey sea una cinta muy densa, cadenciosa y poco estimulante. Defiendo que es una historia impresionantemente atractiva para niños pero un niño no está preparado para ver tres horas seguidas una historia con ese ritmo. Gran error de fundamento.

Si The Hobbit hubiera sido una parte de la franquicia de un sólo capítulo apreciaríamos mucho más la transformación de Martin Freeman para parecerse al joven Bilbo Baggins que interpretó previamente Ian Holm; el ritmo de la narración pudiera ser descriptiva pero no contemplativa, insulsa y con la sensación de que no pasó nada al final de la cinta más que florituras que adornan el verdadero inicio de la aventura; apreciaríamos todos los engranajes encajando uno a uno en la historia como la aparición de Gandalf el Gris, Radagast o Saruman, Thranduil, Elrond o Galadriel; o incluso estaríamos emocionados por saber más aún más de los orígenes de Gandalf, Galadriel y Gollum. Pero no. Fue mucho más importante recrear al detalle la pieza literaria que a medida que avanzaba la historia cada nuevo nombre o cada nuevo giro era como un mazo ablandando nuestra paciencia. Fue más importante jactarse de los avances de los nuevos efectos especiales que abundaron por toda la pieza que el verdadero objetivo de contar una historia que terminó disolviéndose en prepotencia y petulancia -errores que ya lo habían sacrificado en King Kong, The Lovely Bones e incluso Tintin-. Es tan absurda esta decisión que nos enfrentamos en casi tres horas, a un listado de casi cincuenta y dos items de personajes y ni una sóla figura antagónica clara.

Digamos que no todo es una pesadilla. Aparte de la historia sin dirección clara que nos ofrece Jackson, es muy buena la sensación del cuento narrado al estilo de The Lord of The Rings en una ambientación que ya reconocemos propia de Tolkien. Hubo eso sí un factor increíble y que me embelesó inmediatamente y fue la música. Esos cantos celtas acompañando las jornadas épicas de los personajes, esa forma de traer a colación los personajes con ciertos acordes en esas tonadas y, en general, las sensaciones exaltadas por esta partitura hacen que no sea más grave la clasificación.

The Hobbit es una peli que hay que verse por cultura general, yo recomendaría verla en IMAX pero el idioma original es invaluable.

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Océans

Hay dos pelis que me producen paz antes de dormir Koyaanisqatsi de Godfrey Reggio y Océans de los franceses Jacques Perrin y Jacques Cluzaud. La tuve guardada un par de semanas porque la pasaron en alta definición en MovieCity y la revisaba todas las noches antes de dormir.

Una gran selección de imágenes y sonidos de los majestuosos océanos de todo el planeta. Obviamente, no todo es belleza y la crítica al maltrato que le efectuamos a estos ecosistemas está presente, la crítica a la inconsciencia e indiferencia frente a la desaparición total de especies en vía de extinción está presente y la crítica a las masacres desmesuradas de ballenas, delfines y tiburones está presente.

Muy bonitas imágenes, muy buen sonido y una edición musical implecable. No soy de los que hubiera pagado boleta para haberla visto en IMAX 3D, en IMAX regular o incluso haber ido a salas a verla en 35MM sencillo pero seguramente los que si lo hicieron disfrutaron mucho o durmieron placidamente como lo hice yo estas semanas.

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