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El Vuelco del Cangrejo

El Vuelco del Cangrejo de Oscar Ruíz Navia es el claro ejemplo que el neoexpresionismo alemán se filtró perfectamente en nuestro cine de autor. Ya lo habíamos anotado en Los Viajes del Viento de Ciro Guerra pero aquí la aseveración es más que incuestionable. 

Una historia sencilla de un hombre que parece huir de su pasado y lo verdaderamente bonito es que nunca se sabe porqué huye, de qué huye y también nunca importó. Pudo huir de la violencia, de un desamor pero igual lo importante es que llega a algún pueblo pescador del Pacífico y se asienta temporalmente mientras busca una lancha a motor. En esa transitoriedad empieza (empezamos) a explorar los protagonistas de ese rincón del país; a descubrir sus rostros, su idiosincrasia, sus penas y su forma de supervivencia. 

El cangrejo es un animalito que anda de medio lado como con la incapacidad de enfrentar el futuro y, esquivándolo, no le queda otra salida que intentar escabullirse por el costado. A pesar de tener un robusto exoesqueleto y unas fuertes tenazas, si el cangrejo se pone boca arriba queda atrapado en su propia envergadura; solo con el impulso de una ola en la marea, tiene una oportunidad de dar un vuelco y salvarse de la desolación y la inanición. La figura es sencillamente exquisita cuando cada uno de los protagonistas de este sencillo cuento es parte de una comunidad de cangrejos volteados y tan sólo esperan ese último impulso para salir adelante.

Unos encuentran una lata de atún, otros sobreviven con una poción diaria de arroz, otros son más depredadores tratan de instalar un hotel y camuflarse entre la comunidad pero sólo aquellos fieles a su folclor y sus raíces son los que logran definir un vuelco diferente. 

La peli explora la desolación de una zona olvidada del país. La comunidad negra del Pacífico afronta la segregación más fuerte de todas, en el acto más racista posible nos hemos olvidado completamente de ellos. En su desamparo, la ley del más fuerte ha socavado sus conciencias pero existe la esperanza que la ética, la moral y la herencia cultural sean suficiente contención para contrarrestar los peligros de la misma extinción. Y es que El Vuelco del Cangrejo es también una crítica a la deforestación sin sentido, a la pesca desmedida, a la explotación excesiva de los recursos naturales. Aquellos que sobreviven con los bienes provistos naturalmente son los que atestiguan la baja de peces en sus ríos y, por lo mismo, en sus recolectas, el hambre, la falta de oportunidades y son los que se unen con machete a tratar de proteger su más apreciado tesoro: el statu quo que heredaron de sus abuelos, la cultura de protección de su entorno. 

Ruíz Navia nos trae un proyecto delicado, pausado y desarrollado en su mayoría por actores naturales, balanceado entre belleza y acritud. Por un lado sus actores, no tienen experiencia en absoluto frente a una cámara (con excepción de Rodrigo Velez actor de carrera que ya habíamos visto en Perro Come Perro de Carlos Moreno) por el otro son hermosos en su fisonomía y en sus roles. Ruíz Navia se jacta de su encanto y los pone a posar frente a la cámara, a disfrutar del proyecto, tanto que uno termina enamordo de su belleza -a mi me sedujo por completo el personaje de Yazmín, una mujer con unos rasgos inquietantes y con una figura absurdamente deliciosa-. Otra dicotomía para deleitarse es el guión, siendo la epopeya de la huida de Daniel, el tema central de la cinta, Ruíz Navia no se aguanta las ganas de contar y entremezclar las vivencias de sus personajes con la de su reparto, muchas veces no sabemos si estamos escuchando a Miguel, a Paola o al paisa o si simplemente escuchamos a Arnobio, Israel, Karent o Yisela, son sencillamente honestos en su discurso y verosímiles en la trama. 

Lo que más me sorprendió fue la cinematografía, a cargo de Sofia Oggioni Hatty y Andrés Pineda. Audaz, muy inteligente, muy pensada, que se siente igual muy natural nos divierte mientras encantados contemplamos la playa, el restaurante o la aldea. Se nota que aportaron una gran cantidad de material de alta calidad para la edición que a la postre también significó un excelente montaje. Me parece extraño que no hayan sido nombrados en ningún evento, lo que me hace pensar que Carlos Moreno es mucho más intrépido cuando logra que su cámara, Diego F. Jiménez, no sólo sea nominado en Sundance dos veces, sino que además en su última aparición, Todos Tus Muertos le significó mejor cinematografía en un drama del mundo. 

Una joya. Una lástima que no pude verla en cine. Sin embargo en MovieCity la están pasando en alta defición y vale mucho la pena. 

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Los Viajes del Viento

Ciro Guerra es un joven, joven escritor-director colombiano que nos ha sorprendido con dos poderosas piezas cinematográficas La sombra del caminante en 2004 y esta, Los viajes del viento en 2009.

Me encanta que Guerra proponga un cine completamente diferente al que estamos acostumbrados aqui en Colombia, tirando más hacia el neo-expresionismo alemán, sus historias son sencillas pero igualmente existencialistas en cada centésima parte de su expresión, con una calidad abrumadora. No es fortuito entonces que haya sido reconocido en San Sebastian, Toulouse, Ville de Rome en Cannes, y Bogotá (estos dos últimos por Los viajes del viento). Además Los viajes del viento fue mejor peli en Cartagena y mejor peli en español en Santa Bárbara.

Cuando uno se enfrenta por primera vez a esta peli, es inquietante la falta de acompañamiento musical, la primera vez que suena el acordeón, así sea una tonada descordinada, se siente una ansiedad grandísima y cuando por fin suena como debe ser, escalofríos recorren el cuerpo y da mucha sed de ron y parranda vallenata.

Los viajes del viento es un canto a la melancolía, al folclor costeño de agua dulce, al juglar, a su acordeón, al guacharaquero y su cajero. Es una oda a esos paisajes que uno se encuentra desde Mompox hasta el Cabo de la Vela, travesía que se me hizo viva porque en mi adolescencia casi que la hice igual, y recorrí El Plato Magdalena, Valledupar, San Jacinto, el resguardo Cimarrón, La Sierra, El Parque de los Flamencos, la Pirámide de Sal y finalmente El Cerrejón. Casi que puede entenderse como una guía turística, un resumen mochilero de un viaje imperdible y que por lo mismo un pecado no haberse visto en salas, cuando hubo oportunidad. Su tema es sencillo una odisea de un viejo juglar que desea retornar su instrumento a su viejo maestro porque su tristeza lo invade y no puede tocarlo como antes. Su viaje genera inquietud en sus acompañantes y gracias a su hermetismo las habladurías generan un mito que nunca sabemos a ciencia cierta de su veracidad.

Recientemente la están rotando en Cinemax pero recomiendo verla muchísimo mejor en alta definición, si tienen oportunidad.

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