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Gravity

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Podemos coincidir que sin lugar a duda Gravity es una excelente producción dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón. Después de Children of Men, esta es su segunda apuesta en la ciencia ficción; pero ¿cómo clasificarla dentro de este género sin tener una referencia temporal futurista o sin siquiera apostarle a alguna innovación tecnológica? La ciencia ficción, contrario a lo que se tiene entendido no es sólo escenarios, ciencia o tecnología futurísticas, tampoco solamente viajes al espacio, universos paralelos, vida extraterrestre o habilidades paranormales. En ocasiones diferentes, hemos discutido que la ciencia ficción se encarga de disfrutar y entender las posibilidades amplias de una duda o una inquietud, a veces casi que de manera anacrónica: La ciencia ficción se define en el «qué pasaría si».

Es en esa pregunta esencial que son válidas todas las demás cuestiones estereotipadas dentro del género y de cómo gracias a la literatura alrededor de ella, más que entretenimiento o espectáculo, lo que tenemos son una gran cantidad de autores filosofando sobre nuestra existencia, nuestra cotidianidad y nuestros sentimientos como seres humanos.

En Gravity la pregunta esencial es qué pasaría si alguna de las potencias que tienen artefactos o estaciones espaciales decidieran destruirlas -porque están en todo su derecho- y la situación se les saliera de las manos. Es posible que lo más traumático para nosotros en la Tierra sea quedarnos sin Facebook por unas cuantas horas, mientras miles de partículas aleatorias van destruyendo uno por uno, cada uno de los satélites que nos comunican hoy en día.

Cuarón no centra su inquietud en el momento en que esto afecta directamente al planeta -que aunque por algún instante la razón sea superficial, las consecuencias de una completa incomunicación pueden ser catastróficas al crear caos y pánico; el tema de Facebook se transforma entonces en un chiste muy fino del realizador que plantea una problemática válida en el mundo y de alguna forma nos pone en una situación concreta y contemporánea, es decir, define tiempo y espacio para su inquietud-; Cuarón enfoca nuestros ojos en una misión rutinaria de un equipo de tres norteamericanos que están haciendo mantenimiento a la estación STS-157. Son ellos la doctora Stone, el veterano Kowalski y el ingeniero Shariff interpretados por Sandra Bullock, George Clooney y Paul Sharma respectivamente (desde Houston la voz cálida de Ed Harris acompaña al trío).

Las condiciones del espacio exterior se plantean al principio de la historia como reglas de juego de lo que vamos a presenciar y posteriormente en el desarrollo de la trama permiten crear un estado de ansiedad y de básico terror. Dichas condiciones son:

  • En el espacio exterior no hay sonido porque no hay atmósfera que transmita las ondas sonoras.
  • Las temperaturas varían de -100 a 125 grados centígrados.
  • En condiciones de gravedad y atmósfera cero cada impulso infligido a un objeto puede ser terrible porque sin resistencia los movimientos y fuerzas pueden ser demasiado bruscos.
  • Afuera en el espacio exterior no hay posibilidad de vida.

Sin tener que revelar mucho de la trama, los cortos promocionales nos muestran que el grupo de norteamericanos se quiebra cuando las partículas resultantes de la destrucción de la estación espacial, en clara orbitación, los ataca y el caos reinante termina con Bullock a la deriva. La historia se vuelve entonces angustiante y casi como en Buried agobiante sin una clara salida para el personaje principal, más aún cuando apenas comprendemos que estamos en el planteamiento de la historia y aún faltan más de 60 minutos para el desenlace de la historia. Este viaje hacia la nada en realidad puede llegar a ser traumático.

Cuarón a partir de allí magistralmente nos mece entre imágenes increíbles y escenas de dramática tensión, en parte gracias al excelente manejo de cámaras y fotografía de Emmanuel Lubezki. Nos da pistas para no perdernos en la trama y con una gran elocuencia, dentro de su narrativa estrictamente lineal, vamos dando pequeños pasos con el personaje tratando de sortear esta grandilocuente negación del ser que es el espacio exterior; su odisea es en contra de la lógica y de cómo se consume el oxígeno restante en su traje espacial. El estrés se vuelve asfixia y una rara sensación de claustrofobia en un espacio completamente abierto se apodera de nosotros. Su historia es una metáfora del renacimiento de la humanidad, la sensación de relativa calma, de mareos y fuerzas incontrolables en la matriz materna contrastada con la frustración del abandono y la misma decisión de salir adelante.

No sólo porque James Cameron afirmó que es una de las mejores pelis que ha visto en su vida, sino porque Gravity en realidad logra en la pureza de su factura, como ninguna otra cinta que hayamos visto con imágenes recreadas por computador, esa sensación de inmersión en la audiencia transmitiendo un estado de realidad inconmensurable donde la sensación de cuerpos flotantes contrastada con la belleza de los paisajes es sencillamente abrumadora. Es muy posible que Cuarón el próximo año sea protagonista en varios eventos por sus efectos especiales, su diseño y mezcla de sonido, de pronto su guión original y definitivamente el desempeño de Sandra Bullock -que no sólo aparece hermosa y rejuvenecida sino- que demuestra cómo apartándose de su zona de confort puede seguir ofreciendo coyunturas dramáticas muy interesantes.

Mi experiencia fue en IMAX 3D y más inmerso que eso no creo que se logre, inclusive no entendería como otras personas lograrían ver toda la magnitud de la obra que Cuarón y su hijo Jonás diseñaron para verse en un espacio y una pantalla como esta. Sin embargo, en lo personal la cinta se excede un poco en el desenlace y de manera simplista se finaliza con un innecesario contrapicado que exalta la perseverancia y la abnegación de los héroes. Una conclusión melodramatica que se sale del tono del resto de la cinta.

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