Auteur, Colombia, Drama, Folk, Indie, Latin, Miguel Vaca, Movie, Thriller, Vacacion, William Vega, World

La Sirga

William Vega, escritor y director, nos trae gracias a la producción Oscar Ruíz Navia (El Vuelco del Cangrejo) una pieza más del gran combo de cintas que se alimentan de nuevas historias, de nuevos mensajes y de nuevas locaciones colombianas. La Sirga es un proyecto titánico que se adentra en una historia sencilla de desplazamiento y violencia tácita, en los alrededores de La Laguna de la Cocha, departamento de Nariño (Colombia). En esta época donde lo digital se está fagocitando al celuloide, donde la producción con cámaras RED es mucho más económica que una de 35mm y donde el cine comercial es la salida segura para continuar en el negocio, aparece esta pieza que va en contra de la corriente, una metáfora directa del zuncho de esterilla que flota en la laguna en contra del viento.

Alicia, interpretada por Joghis Arias, es una niña que huye de su pueblo porque la violencia la alcanzó y quemó su casa. No tiene familiares cercanos y busca el último resguardo de consuelo y amparo en su tío Oscar (Julio César Roble) que vive al lado de la laguna y se erige como su único familiar vivo. Este la hospeda y la cuida -¡y vaya qué si la cuida!-. Su vivienda es un hostal llamado La Sirga pero está en muy mal estado, los tablones están podridos, las latas que cubren el techo están roídas por el óxido o despegadas por el descuido, el caso es que en noches de lluvia, adentro de La Sirga también llueve. Alicia no pudo haber llegado en mejor momento, Freddy (Heraldo Romero) primo de Alicia dejó al viejo hace un tiempo incierto y aún lo espera mientras el hostal se cae a pedazos, Alicia entonces se pone en la labor de mejorar la estancia para la llegada de “los turistas” reparando el tablado, el techo, las puertas y mientras tanto le ayuda a Flora (Floralba Achicanoy) en los desayunos y almuerzos.

La violencia vuelve a aparecer en la trama, justo con el regreso de Freddy. Se enrarece el ambiente, se siente la presencia de la guerrilla, de los paramilitares, de los tiras y sus sapos pero sobre todo del miedo y la incertidumbre.

La Sirga es una oda a ese estado momentáneo de la existencia en el que uno se siente en el limbo, desubicado, sin dirección o destino fijo. La sirga es un elemento, generalmente, una cuerda que ayuda a mover las embarcaciones hasta la orilla o también se le conoce a las zonas de paso entre puntos inundados. En la historia es una clara alusión al desplazamiento de Alicia, un personaje que esta de paso. Que no está aferrada nada y tampoco tiene una fecha establecida para su estancia. Joghis Arias aparece en pantalla sorteando el laberinto del páramo y de la niebla, se desploma del hambre y del cansancio y cuando nos cuenta su historia, despliega una mirada de cachorro herido con sendas bolsas de lágrimas ahogadas en sus ojos. Conmueve. Conmueve inmediatamente y su razón es que Joghis comparte la historia de Alicia, común en muchas niñas de cada ciudad, de cada pueblo y de cada municipio colombiano. Nacida en Caquetá la violencia le quitó a su abuelo, a su padre y huyó. Se refugió en una carrera de la Universidad del Valle y la actuación le llegó como un afortunado accidente. En general, la dirección de reparto es excelente como ninguna otra que hayamos visto últimamente. Los duros rasgos de Julio César Roble, aceitados con esencia de alacrán, son perfectos para el huraño tío; dos planos y un gesto apretando un poco los ojos y Heraldo Romero nos transmite desazón en esa ambigüedad de su personaje; Floralba Achicanoy, David Guacas y el resto del reparto son lugareños y hablan con ese endulzado acento pastuso inconfundible.

Hecha con una exquisita e impecable fotografía de Sofía Oggioni Hatty, esta cinta es una delicia para ver. A Oggioni Hatty la conocemos por su trabajo en El Vuelco del Cangrejo que también es un ejemplo de cinematografía acompañada de sonido ambiente. Esta vez sus planos viciados se combinan con la endiablada melodía del folclor pastuso. Unas destempladas tonadas acompañadas de violín, guitarra y tiple con unas voces toscas y graciosas que hacen de los planos melodiosos, pegadizos momentos -aún sigo tarareando el violincito del corto que apenas aparece en pantalla nos roba una divertida mueca y nos impulsa a palmear para seguirles el ritmo-.

Es un momento realmente anecdótico el que estamos viviendo y que debemos aprovechar al máximo. Seis pelis colombianas se exhiben en cartelera, Sanandresito, La Lectora, Carrusel, Chocó, Sofía y el Terco y La Sirga. Digamos que las tres primeras piezas no son de nuestro mayor agrado pero llevan gente a las salas y las acostumbran a esta gran experiencia (muchos hace rato no iban y no se acuerdan de las dinámicas de respeto en las salas pero bueno eso es harina de otro costal). La crítica empieza a hablar de una nueva corriente llamada Nuevo Cine Colombiano, me parece más sensato hablar de la excipiente nueva industria del cine colombiano. Una industria consciente de que debe crecer comercialmente para poder patrocinar sus proyectos más creativos y que de vez en cuando nos va a traer una joya como esta a las pantallas.

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Colombia, Drama, Folk, Indie, Jhonny Hendrix Hinestroza, Latin, Miguel Vaca, Movie, Thriller, Vacacion, World

Chocó

Hace rato no veíamos tres pelis colombianas en cartelera y deberíamos sentirnos muy orgullosos por eso. Digamos que Sanandresito se pasa de comercial y su propuesta es bastante plana pero tanto Sofía y el Terco -que ganó el premio especial del jurado en Colombia al 100, categoría en la que competía con doce cintas más, durante el Festival Internacional de Cine de Cartagena de este año- y Chocó -que a su vez participó en el mostrario de Panorama de la La Berlinale– suenan bastante interesantes.

Mi tarea con Sofía y el Terco la tengo programada para más tarde en esta semana. Este fin de semana me vi Chocó de Jhonny Hendrix Hinestroza.

Chocó es una visión de esta región olvidada del país, hermosa en paisajes y atardeceres, rica en oro y lamentos africanos que inundan la sala del cine al ritmo de sus cánticos y marimbas. Pero esta cinta no es un documental turístico, es la historia de una mujer negra (Karent Hinestroza) que a pesar de estar casada con un músico (Esteban Copete) es cabeza de familia y responsable por el sustento de sus dos hijos, Jeffrey (Sebastián Mosquera) y Candelaria (Daniela Mosquera).

En medio de la historia nos enteramos que la mujer se llama también Chocó y la cinta entera se vuelve una metáfora directa del maltrato que sufren nuestras mujeres relacionado con el olvido y abandono que tienen nuestras minorías afrodescendientes. Chocó no responde a punta de golpes y anhela quemar su casa desesperada por la carga de su marido que no la apoya en absoluto y quien a veces se roba incluso la plata que ella logra sacar de la mina para la escuela de los niños. A parte que nadie hace nada frente al irrespeto sobre Chocó, se lo justifica por su alevosía; hay una escena en particular donde ella está botada en el suelo, golpeada y chupando polvo, la indiferencia de las miradas es escalofriante pero no lo suficiente para someter a esta mujer quien saca fuerzas de todos lados para reincorporarse, asir el destino en sus manos y tomar sus propias decisiones. Esa mujer que se levanta ya no es la misma que va a visitar al paisa, esa mujer que se levantó es una guerrera y como un Samurai transforma su apariencia para desencadenar su furia. Muchas veces hemos escuchado como el colono paisa, se establece en un lugar, con algo de capital emprende un negocio y sale adelante con “berraquera”. Muchos de estos paisas son parte de la anarquía que gobierna pues están desconectados de la problemática y piensan que todo lo resuelven con plata. El paisa también maltrata el Chocó, el paisa (Fabio Iván Restrepo) tiene montado un negocio y sólo espera la oportunidad para caerle a las nalgas de esta hermosa negra y amancebarse a esta mujer, de tantas maneras desprotegida.

La peli es tierna en factura con una cinematografía espectacular, a cargo Paulo Pérez que logra por un lado una fotografía cálida y llena de colores saturados, y un montaje estándar con
Mauricio Vergara que ofrece una historia consistente, con un par de figuras cinematográficas bien interesantes, aluciendo a sueños en retrospectivas, juegos de tiempo y anhelos de esta gran mujer. Sin embargo detrás de la cadenciosa y encantadora marimba la crudeza del Chocó aparece en forma de violaciones, maltrato intrafamiliar y pobreza absoluta.

Jhonny Hendrix Hinestroza ha participado en varias oportunidades como productor de otras piezas fílmicas. Chocó es la primera pieza de su ópera prima, contundente relato del maltrato de las minorías y el machismo enraízado en las costas pacíficas de nuestro país. Logra con Karent Hinestroza un perfil conmovedor que penetra nuestros corazones. Hinestroza es licenciada en arte dramático de la Universidad del Valle y Esteban Copete es músico también de dicha universidad, director del grupo Ancestros, interprete de marimba, saxofón, gaitas y percusión. Tanto con Hinestroza, como con Copete y Restrepo logra armar un reparto de actores naturales con cierta experiencia y cierta destreza innata que permite sentir la historia cien por ciento creíble y honesta. Aunque el final es desafortunadamente francés -abierto e inconcluso-, deja chispas de esperanza en la supervivencia y los métodos de extracción auríferos artesanales, que no afectan el medio ambiente y contribuyen a la tradición dejada por los ancianos. Tradición que unida al legado cultural es lo más enriquecedor como mensaje de la obra.

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